Melercasa — la marca de un distribuidor eléctrico de 1960, rehecha entera

La marca, aplicada
Una identidad no se juzga en el logo sobre fondo blanco, sino en las cosas con las que la empresa trabaja todos los días. Estas son las aplicaciones de la presentación de marca, tal como se entregaron con el manual.


Precinto, para que la marca viaje en cada caja que sale del almacén. 
Chaleco de alta visibilidad, con el símbolo y el nombre separados. 
Ropa de trabajo. Aquí el símbolo va solo: ya se reconoce sin el nombre. 
Papelería, con el símbolo ampliado hasta salirse de la hoja.
El diseño de la web


Melercasa distribuye material eléctrico en Canarias desde 1960. Más de sesenta años de empresa, y una marca que hacía años que no los contaba bien.
El punto de partida
El logo estaba anticuado y ya no representaba los valores de la empresa. Es lo que le pasa a casi todo negocio con historia: la marca envejece más rápido que el negocio. Sigues haciendo bien tu trabajo, pero la imagen dice otra cosa — y lo dice justo cuando enfrente aparecen distribuidores nuevos que no tienen tu recorrido pero sí una identidad hecha este siglo.
En el logo anterior se veía el síntoma clásico: un sello de “60 aniversario” pegado al lado, que es lo que se hace cuando la marca ya no aguanta sola y hay que explicarle al de enfrente cuántos años llevas.
Aquí el encargo no fue maquillar el logo. Fue rehacer la marca entera y, con ella, la web.
La marca nueva
El nombre pasa a minúsculas y gana peso: se lee antes, aguanta mejor en tamaño pequeño y funciona igual en un rótulo que en una firma de correo. El símbolo anterior, encajado dentro de la palabra, se convierte en una M construida con tres trazos en zigzag — la corriente, sin dibujar un enchufe ni un rayo literal. Y el color pasa a un naranja saturado que se ve a distancia, que es donde se juega una marca de este sector: en una fachada, en un vallado de obra, en una estantería llena de cajas de la competencia.
El cambio que más trabaja no es ninguno de esos. Es el descriptor: material eléctrico desde 1960 entra dentro del propio logo. Los sesenta años dejan de ser un sello pegado al lado y pasan a formar parte de la marca, en cada sitio donde la marca aparece.
Con la identidad va el claim: “Desde 1960, siendo parte de cada proyecto”. Dice a la vez lo que son (los que ponen el material) y lo que llevan siendo.
El manual y las aplicaciones
Una identidad sin manual dura lo que tarda el primer tercero en tocarla. El rotulista aprieta el logo para que quepa, la imprenta lo pone en otro naranja, alguien lo estira en una foto de redes, y en un año tienes cuatro marcas. El manual fija versiones, usos, colores, tamaños mínimos y qué no se puede hacer, para que cualquier proveedor aplique la marca igual sin tener que preguntar.
Con el manual entregamos las aplicaciones, que es donde se ve si una marca aguanta: el precinto de las cajas, las lonas del vallado de obra, la ropa de trabajo y la papelería, las piezas que están más arriba. Fíjate en un detalle: el símbolo funciona solo, sin el nombre al lado, en la ropa y en la papelería. Eso es lo que separa un logo de una marca.
La web
La web está en construcción. El diseño de aquí arriba no es un boceto: está montado, a falta de cerrar contenidos antes de publicarla.
La página de inicio hace una sola cosa, que es lo que tiene que hacer: decir qué venden y dónde. “Material eléctrico profesional en Canarias”, a tamaño grande, con “desde 1960” encima. El menú lleva un descriptor bajo cada sección, para que nadie tenga que adivinar qué hay detrás de “Somos” o de “Servicios”. Y el contacto está resuelto por dos vías a la vez: el alta destacada en la esquina superior y un botón flotante de teléfono y WhatsApp que acompaña al visitante durante todo el scroll.
Qué viene ahora
Cerrar los contenidos y publicar. El día que la web esté en línea, enlazamos desde aquí para que se pueda ver en funcionamiento.